domingo, 12 de mayo de 2013

Sayonara, baby. Fallece Constantino Romero.

 
Ha fallecido Constantino Romero.
Con su desaparición personajes como Harry el sucio, Terminator, Darth Vader, el replicante Roy  o James Bond han perdido al responsable de su voz española y los aficionados al séptimo arte perdemos a uno de los más grandes, si no el mejor, profesionales del doblaje español.
Sayonara, baby.

A continuación, y a modo de sentido homenaje, pincha aqui para ver uno de sus más celebrados trabajos en el que pronuncia una de las más celebres frases del cine.

lunes, 18 de marzo de 2013

El hombre tranquilo. En el camino de hacer justicia a una obra maestra.

 

Tras años de espera y tras padecer unas tan numerosas como lamentables ediciones en DVD, desde el pasado 12 de Marzo por fin puede decirse que en España podemos disfrutar de una remasterización en condiciones de El Hombre Tranquilo,  esa obra maestra dirigida por el maestro Ford  interpretada por unas estrellas, Maureen O´Hara y John Wayne, en estado de gracia.
La restauración realizada como conmemoración del aniversario de la película todavía adolece de ciertos aspectos (uno hecha de menos la aparición de algún extra que enriquezca el visionado de esta extraordinaria película y nos acerce más al universo Fordiano) que no acaban de ponerla a la altura que merece esta gran muestra de cine, pero su impecable imagen en alta definición restaurada fotograma a fotograma nos permite disfrutar de la exquisita y colorista fotografía de Winton C. Hoch y Archie Stout en toda su plenitud.
Un Blu-ray de compra obligada que, espero, sea el aperitivo de una próxima edición complementada con varios discos de extras que, esta vez si, haga justicia a tamaña obra maestra.



lunes, 18 de febrero de 2013

Django desencadenado. El regreso de Hans Landa

Tras ver Django desencadenado, la última película de Quentin Tarantino, uno podría pensar que acaba de ver el primer western de este director. Nada más lejos de la realidad sin embargo ya que, al fin y al cabo ¿Qué son Kill Bill, con su búsqueda de la venganza y sus duelos y Malditos Bastardos con su secuencia inicial a lo Raices profundas, la música de Ennio Morricone y su grupo de bastardos que arrancan las cabelleras de sus enemigos sino sendos westerns? Lo único que hace el realizador americano en esta ocasión es llevar, por fin, a sus personajes a la época y lugar que les corresponde sin renunciar por ello al estilo visual y las constantes referencias hacia otros títulos que caracterizan a su cine; si bien no puede decirse lo mismo de su estilo narrativo habitual que, en esta ocasión, y éste sería el mayor reproche que podría hacérsele, se sacrifica por una narración continuada absolutamente carente de elipsis.
En este trabajo, aparentemente el más personal de su director, Tarantino repite lo que ya hiciera en Malditos Bastardos al tomar como referente una película italiana, Django (en la otra ocasión fue el film bélico "Aquel maldito tren blindado") para desarrollar su propia historia en la que solo se conserva de la originaria el nombre de su protagonista, un mercenario blanco en aquella y un esclavo negro liberado en ésta.
A partir de aquí, Tarantino brinda para nuestro deleite un merecido papel protagonista a Christoph Waltz y uniéndolo al esclavo liberado Django (Jamie Foxx) nos presenta una pareja absolutamente alejada de los arquetipos del género (un negro a caballo, algo impensable en la antesala de la guerra de secesión, y un dentista alemán reconvertido en caza-recompensas. Un dentista alemán que bien podría tratarse de la reencarnación de Hans Landa, el cruel, ingenioso y cínico coronel de las SS a quien Waltz diera vida en el anterior trabajo del realizador) que protagonizará la mayor historia de amistad de todo el cine de éste realizador. Una historia de amistad comparable a la que podíamos ver en Rio Bravo, la obra maestra de Howard Hawks y que Tarantino ha catalogado en varias ocasiones como la mejor película de todos los tiempos. La historia de una amistad que se irá gestando a través de un paisaje que actúa como un personaje más, como sucediera en los grandes westerns de Anthony Mann, atravesado en busca de una mujer (y aquí tendríamos que hacer referencia a otros clásicos del género como Centauros del desierto o Dos cabalgan juntos, ambas dirigidas por el maestro John Ford) que si bien no tiene tanto protagonismo como en otras obras de este autor (Jackie Brown o la ya mencionada Kill Bill) si que es un importante motor de la acción.
Al margen de estos aspectos, novedosos en Tarantino, Django está poblada de todo aquello que hace reconocible su cine: cuidados y sugerentes diálogos, prolongadas secuencias recreadas en mínimos detalles (en este caso resulta ejemplar la secuencia en la que la pareja protagonista espera al Sheriff en un vacío salón; una escena en la que el director se recrea en como el Dr. Schultz sirve un par de cervezas mientras da buena muestra de su incontinencia verbal), una violencia gamberra y conscientemente cargada de excesos y un depurado estilo visual cargado de referencias (y en este caso resulta imposible no mencionar el salpicón de sangre sobre las plantas de algodón; una escena de clara influencia oriental) que unidos a grandes interpretaciones (Leonardo Di Caprio borda aquí el que considero que es el mejor papel de su carrera) y unos personajes  trabajados con más profundidad de lo acostumbrado dan como resultado algo más de dos horas y media de proyección convertidas en un divertimento que te deja con ganas de ver ya lo próximo que el controvertido director norteamericano, genio para unos y fraude para otros, nos tenga preparado.
 
Para ver el tráiler pinchad aquí


lunes, 14 de enero de 2013

The deep blue sea. Un fantasma entre dos mundos.

1950.
Tras una toma en la que observamos un edificio semiderruido de Londres, la cámara se va alzando en un travelling que recorre, de arriba a abajo, la fachada de un edificio hasta finalizar, tras ver a una vecina depositando las botellas vacias de leche en el portal del edificio y a otro vecino observando el exterior desde el primer piso del inmueble, a una ventana cuyas cortinas son echadas por una mujer a fin de llevar a cabo un acto suicida.
Al final del film nos topamos  con el mismo trayecto pero a la inversa en esta ocasión. Las cortinas se abren a la luz del sol a manos de la misma mujer que se entregaba a una romántica muerte en los primeros compases de la historia y la cámara comienza un lento descenso para mostrarnos al vecino del primero tomando el te y a la vecina de la planta baja recogiendo las botellas de leche ahora llenas para terminar por desplazarse hacia unas ruinas en las que unos niños se encuentran jugando. Los niños rápidamente desaparecen del encuadre y la cámara se aproxima lentamente hacia el vacío de esas ruinas.
The deep blue sea, la magistral película de Terence Davies, es la historia de ese vacío. Un vacío que impregna toda la vida de Hester, la protagonista de la película, y que la hace deambular por su existencia como un fantasma; como una mujer que habita en el límite entre dos mundos, pasado y presente, sin conseguir avanzar porque, para el realizador británico, el tiempo es inamovible y su progresión es circular volviendo siempre al punto de partida. Es por esto por lo que siempre veremos a Hester en la penumbra, o envuelta por el humo de un cigarrillo, o junto a su propio reflejo. Y es también por esto por lo que cuando Hester intenta avanzar en el presente (corriendo hacia el metro o divirtiéndose en un pub) siempre surge el recuerdo del pasado para detener el tiempo e impedírselo.
Hester (maravillosa Rachel Weisz) es un espectro de alma atormentada atrapado entre dos hombres, entre la vida y la muerte, entre el amor y la lujuria, entre la tradición y la modernidad o, como la expresión inglesa a la que hace referencia el título, between the devil and the deep blue sea (entre la espada y la pared).
The deep blue sea es un duro melodrama que te mantiene encogida el alma y al borde del llanto durante los 98 minutos de su metraje; un trabajo de naturaleza teatral tan sobriamente rodado como la mejor de las producciones de la BBC; un film magníficamente interpretado; un encomiable trabajo fotográfico en base a una paleta de colores tan difuminados y mortecinos como la propia alma de la protagonista; un relato directamente emparentado con la excelente Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000), una película evocada hacia el pasado a raíz de una secuencia en la que el protagonista susurraba a un agujero del muro de un templo camboyano para que quedara conservado en éste el recuerdo de una incurable herida en su corazón, y tan desgarrador como ésta...
The deep blue sea es la mejor película que he visto en mucho tiempo. Una película perfecta en todos los sentidos.
 
Para ver el trailer pinchad aquí.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Amour. Bergman redivivo.

Tras la muerte de Ingmar Bergman, el que suscribe tenía pleno convencimiento de que ningún otro cineasta sería capaz de recoger su testigo como gran diseccionador del alma humana. Nada más lejos de la realidad, tengo que reconocer que nunca antes me alegré tanto de haberme equivocado.
Tras la excelente y perturbadora La cinta Blanca, film con el que  Michel Haneke resultara vencedor del festival de Cannes en 2009, el realizador austriaco repitió victoria en la edición de este año con Amour, su último trabajo.
Dado su título y argumento (un matrimonio de ancianos enfrentado al tramo final de la vida de la mujer, aquejada de una cruel enfermedad) daría la impresión de que el veterano director, ya septuagenario, ha pretendido hablarnos de como el paso del tiempo desgasta las mentes y los cuerpos en su irremediable camino hacia la muerte.
Una interpretación mucho más simple nos llevaría a pensar que Haneke pretende hablarnos, sencillamente, del amor de una pareja de ancianos ya en el tramo final de sus vidas.
A poco que uno haya seguido la filmografía de este director coincidirá en la idea de que no es precisamente simpleza un adjetivo que pueda aplicarse cuando uno se refiere a la obra del realizador de La cinta blanca, Caché, Funny games, La pianista o Código desconocido.
Con "Amour", y siempre bajo el humilde punto de vista de un servidor, Haneke nos habla de la vida y, más concretamente, de la determinación de dos personas que se aman de enfrentar el final de la misma de la manera más digna posible una vez tomada conciencia de la evidencia de la proximidad de ese final.
No quiero ni imaginar lo que cualquier otro director podría haber llegado a filmar con semejante premisa. Afortunadamente la persona tras la cámara habita lejos de Hollywood y se apellida Haneke.
El estilo del austriaco es completamente reconocible.
Realización austera, cámara prácticamente inmóvil y unos planos de exactitud quirurgica permiten filmar con precisión de cirujano todo la violencia y el horror del devastador proceso por el que la vida llega a su fin, asi como el amor, la piedad y la ternura con el que estos ancianos enfrentan ese camino.
Haneke consigue filmar una obra maestra que, lejos de caer en lastimosos sentimentalismos, destila una emoción y una grandeza a la que el veterano realizador no nos tenía acostumbrados y que nos remite al maestro Bergman.
Un cálido y sentido trabajo que, sustentado por las interpretaciones de dos veteranísimos actores capaces de atravesar nuestra alma con cada una de sus miradas, desmonta nuestra falsa seguridad y nos hace desear que, ante la posibilidad de un humillante final, tengamos a alguien a nuestro lado que nos ame y respete lo suficiente como para enfrentarlo con dignidad.
 
Para ver el trailer pinchad aquí.


martes, 30 de octubre de 2012

Cosmópolis. El espectro del Capitalismo recorre el mundo.

El tráfico de Nueva York se encuentra colapsado a causa de la confluencia de tres acontecimientos que mueven a las masas: la visita del presidente de los Estados Unidos para asistir a un congreso mundial de jefes de estado, el funeral de un famoso rapero y una manifestación anarquista que incendia y llena de violencia las calles mientras las pantallas gigantes de Times Square, que normalmente informan de las actividades de la bolsa, muestran, saboteadas por los manifestantes anti-sistema, la frase inicial del Manifiesto Comunista de Marx y Engels Un espectro recorre el mundo. El espectro del capitalismo.
En medio de todo el tráfico una lujosa limusina, en la que viaja un joven multimillonario asesor financiero (Robert Pattinson) trata de atravesar la ciudad camino a la peluqueria.
La limusina es un vehiculo blindado e insonorizado, de manera que todo el caos que la rodea se observa silencioso, como si estuviera sucediendo en otro lugar ajeno a nosotros, o, al menos, ajeno al personaje interpretado por Pattinson y al poder económico que éste representa.
Nos encontramos ante una gran metáfora: mientras el mundo se hunde a causa de una gran debacle económica los responsables de semejante cataclismo, los responsables del colapso del capitalismo, permanecen ajenos a lo que sucede a su alrededor. Todo el caos y el desastre generado por ellos no parece sino un mero contratiempo en su camino a la peluquería. Mientras los ciudadanos de a pie gritan y estallan en una manifestación de indignación y violencia ellos permanecen ajenos, dedicados a sus propios intereses: el sexo y los vacios intercambios intelectuales con sus asesores en el caso del personaje central de esta película.
Con Cosmópolis David Cronenberg, como ya hiciera con El almuerzo desnudo, Crash y Spider, vuelve a adaptar un texto literario a priori inadaptable. La diferencia con respecto a éstas reside en que, ahora, alejándose de sus características mutaciones de la carne el realizador canadiense abraza el "cine de la palabra" acercándose así a Godard y, como ya ocurriera en su anterior trabajo, Un método peligroso, basa su discurso cinematográfico en el diálogo. Un diálogo intrincado y retórico con multitud de líneas que obligan al espectador a, al menos, un segundo visionado de la película, sino un tercero.
Cosmópolis es una película diseñada para no dejar a nadie indiferente. Un trabajo incómodo que hipnotizará a unos y exasperará a otros. Una propuesta que obligará al espectador a mantener la atención como ninguna otra película acostumbra a obligar. Una realización inusual.
Muchos adjetivos pueden ponérsele al último trabajo de Cronenberg, cierto, pero hay uno que no se le puede aplicar: casual. Si hay algo que no es esta película es casual, al igual que no es casual que se rodara inmediatamente despues a Un método peligroso.
Un método peligroso, película que algunos tacharan de academicista, clásica y teatral era una película en la que se analizaba el origen del psicoanálisis y de las patologías de los inicios del siglo XX que acabarían por desembocar en el genocidio judio de mediados de siglo formando así un claro díptico con Cosmópolis, película en la que nos enfrentamos a un nuevo holocausto, económico en este caso, fruto de la principal patología del final de ese mismo siglo, el triunfo del capitalismo y que nos ofrece un personaje que, movido por estímulos sexuales, intenta descifrar el código cosmológico que mueve a los mercados financieros actuando, de este modo, como compendio de las teorias de Freud y Jung.
 
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domingo, 14 de octubre de 2012

Magic Mike. Hora de sentar la cabeza


En 2009 Steven Soderbergh realiza uno de esos experimentos que tanto le gustan y, con un reducidísimo presupuesto, cámara al hombro y tomando como protagonista a la conocidísima actriz porno Sasha Grey, rueda The Girlfriend experience, una pequeña joya en la que Soderbergh nos ofrece una particular e indirecta mirada al inicio de la crisis económica en Estados Unidos a través de una de sus víctimas, una prostituta de lujo.
Lejos de aprovechar para recrearse en las habilidades sexuales de su protagonista, habilidades de las que podemos encontrar múltiples muestras a través de Internet, el director nos introdujo en aquella ocasión en el día a día de la prostituta, de quién la cámara no se separa un solo instante, mostrándonos un mundo frío carente de emociones.
Ahora, tres años después y con la crisis ya definitivamente asentada en los Estados unidos, Soderbergh dirige su mirada hacia el mundo de los strippers masculinos contando para ello con el protagonismo de Channing Tatum, antiguo bailarin de striptease reconvertido ahora en actor.
Con esta premisa uno podría fácilmente suponer que Magic Mike, título del trabajo que en esta ocasión nos ocupa, es un experimento semejante al de The girlfriend experience, película a la que, dicho sea de paso, ya le dediqué unas líneas en su día en este blog. Nada más lejos de la realidad.
Para empezar, Magic Mike es una película de encargo, un proyecto del propio protagonista, dedicado también a las labores de producción, y tan deseoso de mostrar los entresijos de ese ambiente en el que se inició en el mundo del espectáculo como de presumir de sus innegables cualidades para el baile erótico. Y aquí es donde reside otra de las principales diferencias con The girlfriend experience porque si, como hemos dicho antes, aquella película huía de aprovechar las habilidades de la actriz para el porno en esta ocasión gran parte del metraje está dedicado a mostrar las dotes de Tatum, un tipo capaz de hacer bailar músculos de los que se desconocía su existencia.
A pesar de los múltiples tópicos presentes en la película (rencillas entre los bailarines, abuso de las drogas, pérdida del estrellato por la llegada de sangre nueva y más joven,...) y de una historia mil veces contada que finalmente queda reducida a la necesidad de sentar la cabeza buscando para ello el amor de una buena chica ajena a esos ambientes, Soderbergh realiza, tal y como nos tiene acostumbrados, un trabajo técnicamente impecable,  que en ningún momento deja de entretener y sobre el que deja su impronta de autor con su habitual fotografía virada al sepia. Un trabajo que consigue huir de mensajes moralizantes y excesos románticos y en el que destaca sobremanera la labor interpretativa de Matthew McConaughey quien, encarnando al propietario del club de striptease masculino y haciendo las veces de maestro de ceremonias del espectáculo borda el que es, sin duda, su mejor papel hasta la fecha.

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domingo, 23 de septiembre de 2012

Prometheus. La traición del creador.


Tras el fracaso comercial de Los Duelistas, su primera película, Ridley Scott se pone tras la cámara nuevamente en 1979 para rodar una película de encargo para la Fox: Alien, el octavo pasajero.
A pesar de tratarse de una película de encargo, el realizador británico abordó el proyecto como suyo propio y merced a un impecable diseño de producción (algo que se convertirá en marca de la casa) en  el que imperan la atmósfera claustrofóbica, la luz sucia y unos personajes bien desarrollados cuyas tensiones nos son transmitidas desde la pantalla y sobre los que destaca la apabullante personalidad de la teniente Ripley (Sigourney Weaver) dió como resultado final una obra maestra. Un film que hacía mirar hacia Kubrik y que bajo el subtítulo "en el espacio nadie podrá escuchar tus gritos" acabó por convertirse en una película de culto para toda una generación.
Si puede hablarse de Alien como una creación, y yo considero que si, entonces Ridley Scott es su creador.
A raíz del inesperado éxito de Alien, los estudios decidieron  convertir la creación de Scott en una franquicia y se rodaron tres películas más ( Aliens: el regreso, Alien 3Alien resurrección) bajo la batuta de otros tantos directores (James Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet respectivamente) que se limitaron a repetir fórmulas y adaptar la atmósfera a sus respectivos universos consiguiendo mancillar la creación de Scott hasta dejarla convertida en una criatura sin personalidad. Criatura sería más violentada todavía al cruzarla con Depredador, otra creación de los 80, con la insana intención de dar a luz una nueva saga: Aliens vs Predator.
Ahora parece ser que Ridley Scott, el creador, ha decidido recobrar la autoría sobre la que fue su creación y, en 2012, acaba de estrenar Prometheus; la primera película de lo que, probablemente, sea una trilogía-precuela de Alien y en la que el punto de partida es, curiosamente,  una misión espacial terrícola a la busqueda de los creadores de la vida en la Tierra.
Haciendo honor al título, la película promete.
Una primera secuencia impactante, una premisa sugerente y cargada de connotaciones filosóficas, un espectacular diseño de producción y un sensacional (sobre el papel) reparto invitan a soñar con el retorno del primer Ridley Scott, aquel que nos deslumbró con Alien y Blade Runner. El sueño se desvanece pronto.
Con Prometheus pronto nos damos cuenta que Ridley no va a volver y, lo que es peor, que en esta ocasión es el propio creador el que mancilla su creación. Prometheus, como si de un político se tratase, se limita a prometer para, finalmente, no dar nada de lo que prometía. En Prometheus no hay respuestas, solo nuevas preguntas. No hay tensión. No hay desarrollo de personajes y la interacción entre ellos es tan aséptica como la atmósfera que envuelve la historia. Todo es demasiado limpio y suena a impostura.
Prometheus, sin llegar a ser una mala película, es una gran decepción y, sobre todo, una gran traición. Han desaparecido lo extraño, lo sucio, la paranoia, lo aterrador y todo se ha vuelto falso, limpio, arquetípico e incapaz siquiera de inquietar.
 
Para ver el trailer pinchad aquí.


martes, 21 de agosto de 2012

Adios al abanderado del cine-espectáculo sin complejos. Fallece Tony Scott.


Ha muerto Tony Scott.
El hermano de Ridley Scott, el director de la estupenda Amor a quemarropa, el abanderado del cine-espectáculo se ha quitado la vida lanzándose desde lo alto de un puente en Los Ángeles.
Descanse en paz.

domingo, 12 de agosto de 2012

Take Shelter. Apocalipsis indie.

En Shotgun Stories, primer y anterior largometraje de Jeff Nichols, nos encontrabamos con una una familia rota. Hijos con un padre ausente y una odiosa madre enfrentados en una guerra familiar incestuosa contra los hijos nacidos fruto de una posterior relación del padre.
La familia de Take Shelter, su siguiente largometraje, nace, sin embargo, como el reverso de la anterior. Se trata de un matrimonio bien avenido, en el que el marido cumple con las funciones laborales durante el dia para luego volver a casa por la noche para cumplir con las familiares, afincado en el seno de una convencional y conservadora comunidad del sur de los Estados Unidos en la que se acude a misa los Domingos y se realizan celebraciones vecinales.
Todo esto lo filma la cámara de Nichols mostrandonos el dia a dia a modo de ritual, sin signo alguno de desconcierto y, sin embargo, tras cada cuidado plano se adivina que algo está a punto de suceder. Algo que llegará para alterar la tranquila vida de los protagonistas.
Y es que Curtis, el personaje protagonista sobresalientemente interpretado por el siempre inquietante Michael Shannon, es un personaje cuya mente aloja diversos terrores. Un personaje proviniente de una madre a la que con 30 años se le diagnosticó esquizofrenia (y que actualmente vive recluida en una institución para enfermos mentales) y cuya hija nació sorda. Un personaje, pues, atormentado por el hecho de tener que convivir con aspectos de su vida, ascendencia y descendencia, que no están asegurados. Por un lado la certeza de que la enfermedad mental de su madre se ha apoderado de él y por otro, la incertidumbre de como se solucionará la vida de su hija.
Son esos terrores los que le asaltan tanto al cerrar los ojos por la noche y mirarse por dentro como al abrirlos durate el dia para observar la comunidad en la que vive. Terrores que toman cuerpo en forma de pesadillas apocalipticas en las que Curtis combate contra sus miedos, principalmente el de volverse loco, generando más miedo (una tormenta que lo engullirá todo, accidentes, pajaros negros que caen muertos del cielo,...) y obsesionandose con la urgente necesidad de buscar refugio y buscarlo precisamente bajo tierra puesto que toda incertidumbre parece provenir del cielo.
La película de Nichols es un magnífico trabajo en el que la locura es filmada con absoluto respeto y en el que se muestra un gran talento para la ambiguedad ya que la forma de mostrarnos los hechos juega constantemente con el espectador sugiriendo una realidad que no siempre se encuentra en la mente del protagonista.
De la misma forma que en La Semilla del Diablo había momentos en los que pensábamos que todo era un delirio fruto de la mente de la protagonista que imaginaba estar gestando al vástago de satán en el seno de una comunidad demoníaca en Take Shelter también estamos seguros de estar reviviendo los desvarios de una mente enferma para luego, al igual que el último plano de la película de Polanski no dejaba duda sobre la certeza de la protagonista, tras el último plano, obligarnos a reconsiderar todo lo visto anteriormente ¿Es Curtis un enfermo mental que sufre alucinaciones en forma de visiones apocalipticas y se esfuerza tanto por creer en su propia locura que consigue convertirla en una realidad para los demás?¿o simplemente se trata de alguien que es capaz de ver cosas que los demás no pueden ver?
Es con esta segunda lectura con la que Nichols aprovecha para hacer referencia a otros miedos que se encuentran en el seno de la sociedad americana. Una sociedad excesivamente basada en el dinero (son muchos primeros planos de billetes los que podemos encontrar en esta película) con un sistema sanitario que considera un buen seguro médico a uno que te obliga a un copago de 40 dólares por unas pastillas para dormir, que no cubre el psiquiatra y no financia la operación para la sordera de la niña y sobre la que la precariedad y la crisis financiera revolotean como aves de rapiña.
Podría resumirse el último e inquietante trabajo de Jeff Nichols como el retrato indie de un personaje que habita entre dos mundos: cielo y tierra, paraiso e infierno. Un personaje con ecos del protagonista de Ordet (Carl Theodor Dreyer, 1955) que tan convencido está de su propia locura que es capaz de hacer creer a los demás e, incluso, de provocar el apocalipsis al comenzar a dudar de la armonia de la naturaleza.
Estamos, sin duda, ante el nacimiento de un gran cineasta.

Para ver el trailer pinchad aquí.

jueves, 9 de agosto de 2012

La serrania de ronda pierde a su bandolero más famoso. Adios a Sancho Gracia.


Sancho Gracia, quien, dando vida al más famoso bandolero de la Serranía de Ronda, derrotara una y otra vez a los soldados franceses en la popular serie de Televisión Española Curro Jimenez a finales de los 70 ha perdido, finalmente, su batalla más importante. El desigual combate que, desde hace unos años, mantenía contra el cancer terminó ayer con su fallecimiento a la edad 75 años.
Descanse en paz.

Para ver la intro de la serie pinchad aqui.


domingo, 22 de julio de 2012

Las malas hierbas. Celebración de la levedad.

Hay ocasiones en las que el deseo, desencadenado por un suceso fruto del azar, surge alterando nuestras rutinas habituales de la misma forma que las mlas hierbas son capaces de abrirse camino y crecer en medio del asfalto.
Esta idea, representada por la imagen recurrente de las malas hierbas que crecen en las grietas del asfalto de la ciudad, es la que encontramos en Las malas hierbas, la última película de Alain Resnais que llega a nuestras pantallas con un retraso de tres años (¿y pretenden que no nos descarguemos el cine a través de la red?) y en la que el nonagenario autor adapta, por vez primera, una obra literaria publicada (L´Incident, de Christian Gailly) para ofrecernos un inclasificable trabajo en el que la levedad, el deseo y el azar son los principales protagonistas.
Esta nueva película del autor de El año pasado en Marienbad (1961) o Hiroshima, mon amour (1959)  podría definirse como un musical sin canciones o una socarrona comedia romántica en la que el azar actua como motor de la historia.
Y es que es por azar que Georges (André Dussollier) encuente junto a su coche la cartera que le han sustraido a Marguerite (Sabine Azéma) a la salida de una zapatería al igual que es por azar que Marguerite sea aviadora cuando resulta que Georges siente gran admiración por la aviadora francesa de los años treinta Hélène Boucher. Todas estas fortuitas coincidencias derivará en una curiosa relación de atracción entre los dos protagonistas que Resnais se encarga de envolver en un aura de misterio (no conocemos nada del protagonista masculino. No sabemos a que se dedica ni si, realmente, ha cometido algún delito en el pasado) aderezado por una heterogenea banda sonora a cargo de Mark Snow, responsable de la música de la emblemática serie de ciencia-ficción de los años noventa Expediente X.
La fotografia, basada en los colores de las luces de neón, que recuerda al trabajo de Christopher Doyle y que el director francés ya empleara en Asuntos privados en lugares públicos (2006), los decorados, que por momentos nos transportan a Corazonada (Francis Ford Coppola, 1982) y escenas como la del primer encuentro entre los protagonistas a la salida del cine en el que él acaba de ver Los Puentes de Toko-Ri (Mark Robson, 1954) ponen de manifiesto el carácter de musical carente de canciones de la última obra del cineasta.
Alain Resnais parece, con este trabajo, que, a sus noventa años, quizá precisamente debido a ellos, haya decidido alejarse de la gravedad de otros trabajos para rodar una historia totalmente espontanea que por momentos parece construida sobre la marcha. Una película en forma de canto al deseo en el que la levedad, representada por esa cámara que sobrevuela la historia desde el incio, con la toma relentizada y recurrente del bolso de Marguerite volando por los aires, hasta el final cuando, tras sobrevolar rocas y jardines se introduce en la casa de unos desconocidos. Un trabajo, en definitiva, en el que se lleva hasta el extremo la idea de que todo es posible en el cine al ofrecérsenos un doble final. Uno que homenajea los "happy endings" típicos del cine hollywoodiense y otro completamente abierto a interpretaciones en el que, probablemente estemos siendo testigos del comienzo de una nueva historia.
Álain Resnais nos regala, con Las Malas hierbas, y a sus noventa años, todo un ejemplo de libertad y modernidad. Una obra maestra que te deja con la sensación, como el propio protagonista expresa en un momento de la película, de que "al salir del cine nada puede sorpenderte; puede suceder cualquier cosa..."

Para ver el trailer pinchad aquí.

martes, 10 de julio de 2012

Ernest Borgnine. Descansa en paz, grandullón.


Nos ha dejado, a los 95 años, Ernest Borgnine. Con él perdemos a otro de los grandes del cine que deja la imborrable huella de su imponente presencia en títulos imprescindibles como Marty, película por la que ganara un Oscar en 1955, Johnny Guitar, Grupo Salvaje, De aqui a la eternidad, Los Vikingos o Doce del Patíbulo.
Aqui queda, a modo de homenaje una de mis escenas favoritas de su filmografía y de toda la historia del cine (pinchad aquí).
Descansa en paz, grandullón.

domingo, 8 de julio de 2012

La Mujer de Negro ¿Segundo advenimiento de la Hammer?

Tras el rodaje en 2010 de Let it me, remake estadounidense dirigido por Matt Reeves del film sueco Déjame Entrar (Thomas Alfredson, 2008) y este mismo año 2012, con el estreno de La Mujer de Negro, la segunda película de James Watkins (Eden Lake, 2008) nos encontramos, sin lugar a dudas, con el segundo advenimiento de la Hammer, la mítica productora británica de peliculas de terror y misterio que viviera su época de mayor esplendor en los años 60.
La película, basada en la novela de Susan Hill, es el relato de la peripecia sufrida Arthur (Daniel Radcliffe), un joven abogado que acaba de perder a su mujer, enviado por la firma para la que trabaja a una recóndita aldea a fin de poner en orden los papeles de un difunto cliente y disponer la venta de su único legado: la mansión.
Legado es la palabra clave a la hora de abordar esta película ya que el legado es algo que está presente en varias de sus acepciones.
La primera, la más evidente, es la de legado como concepto de herencia, ya que la mansión dejada por el difunto del que apenas tendremos conocimiento a lo largo de la película es lo que, a modo de McGuffin, actua como detonante para el desarrollo de la historia.
La segunda, y más interesante, es la de legado como derivado del verbo legar en su acepción de transmitir ideas, arte,...y es ésta sobre la que vale la pena profundizar.
En La Mujer de Negro nos encontramos con una historia en la que los habitantes de una aldea sufren una maldición, a modo de legado, proveniente de fantasmas del pasado deseosos de venganza por la desgracia que sufrieron en vida.
Por otro lado la pelicula es una historia relatada, estética y formalmente, haciendo honor a los modelos de los que proviene: el maestro Hitchcock y sus historias de suspense con fondo melodramático, un ambiente opresivo que bien prodría ser el de la novela de Henry James Otra Vuelta de tuerca que ya adoptara Alejandro Amenabar en el rodaje de Los Otros, la omnipresente bruma y la ambientación victoriana de las películas de terror gótico de la Hammer...
Podemos decir, por tanto, que la película de James watkins nace, y con ella parece renacer la productora británica, a partir del legado de todos esos ancestros. Un legado al que el director es completamente fiel ofreciéndonos una opresiva historia de ambientación victoriana que transcurre entre la bruma de un siniestro pueblo maldito con mansión embrujada incluida, llena de previsibles giros y aderezada con unas secuencias de terror en la que el sobresalto proviene de los efectos de sonido insertados en post-producción y de algunos efectistas y muy efectivos primeros planos. Llegados a este punto cabria hablar de otro legado también recogido por el director: el cine de terror japonés de los últimos años.

Para ver el trailer pinchad aquí.

sábado, 23 de junio de 2012

"El Chepa". Ya sabes,...cargado de espaldas.


"El Chepa". Ya sabes,...cargado de espaldas.
Ésta era la frase con la que el abogado Juan Luis Funes se presentaba a Cosme, su nuevo defendido de oficio, en la serie televisiva Turno de oficio que Juan Luis Gallardo y Juan Echanove protagonizaran a finales de los 80 bajo la batuta de Antonio Mercero.
Escuchando esta frase descubrí al que luego se convertiría en uno de mis personajes favoritos de la ficción televisiva y, además, despertó en mí el interés por seguir la trayectoria de Juan Luis Gallardo, el actor que lo encarnaba. Un actor que, tras desprenderse de la máscara de galán, supo evolucionar hasta convertirse en un gran actor y en todo un personaje tanto dentro como fuera de la pantalla y los escenarios.
Ayer, víctima del cáncer, murió Juan Luis Gallardo. Descanse en paz.